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Estilos de vida

Aprende a diferenciar si estás deprimido o tienes un bajón anímico

Muchas personas suelen confundir el sentirse decaído anímicamente con estar deprimido, y es algo común en la vida de toda persona, señala el catedrático Antonio Cano del Colegio Oficial de Psicólogos (COP), y presidente de la Sociedad Española para el Estudio de la Ansiedad y el Estrés (SEAS).

Si bien algunas personas suelen tener malos días, provocados por episodios de ansiedad, tristeza, considerados simples bajones de estados de ánimo, para el especialista estos momentos pueden generar pérdida de interés, generar apatía, pesimismo, y una sensación de desesperanza, de incapacidad.

Lo que según el experto tiende a provocar una serie de síntomas que van desde los relacionados con el sueño (dificultades para conciliar o dormir bien); con la alimentación (que nos de por comer mucho, o que por el contrario, se cierre el estómago y tengamos una pérdida de apetito y peso); con la función sexual (disminución o desaparición de la líbido); con una alteración de las funciones cognitivas (dificultad para concentrase, problemas de memoria), etcétera.

Cano señala que a diferencia de estos bajoes“existe un consenso universal para definir los síntomas que tiene que presentar una persona para diagnosticarla depresión”. En primer lugar, tiene que haber un estado de ánimo bajo, o bien presentar una falta de interés general por la vida. O coexistir los dos. Y luego, al menos cuatro síntomas de los enunciados anteriormente. Es decir, afectados el sueño, el sexo, la alimentación, las funciones cognitivas e, incluso, no tener ganas de vivir.

Además, si esta situación se prolonga y afecta de manera importante las diversas actividades en su vida, no permitiéndole continuar haciendo su vida normal, familiar, laboral y social, entonces se diagnostica un trastorno depresivo mayor.

Para Macarena Hernández Hoyo en «La Psicología que nos ayuda a vivir» (Álava Reyes) cuando se está deprimido “es como si viviéramos en un túnel muy oscuro, donde no encontramos sentido ni aliciente a la vida, y donde mantenemos un elevado nivel de desesperanza sobre nuestro futuro”.

Este contexto nos lleva a pensar que la vida es absurda, y que no merece la pena seguir fomando parte de ella y nos volvemos susceptibles a la opinión de los demás, interpretando con frecuencia que seremos rechazados, son alguno de los sentimientos más comunes.

A nivel físiológico o emocional, añade Hernández Hoyo, “nos inunda un sentimiento profundo de tristeza, con explosiones de llanto incontroladas. Nos sentimos muy cansados, agotados y aparecen esas alteraciones del sueño antes citadas. Perdemos el apetito y el deseo sexual.

En muchas ocasiones pueden aparecer también problemas de taquicardia o sensación de opresión en el pecho». Nuestro modo de actuar, concluye, «en general resulta enlentecido, tendemos a aislarnos socialmente.

La depresión es ya el trastorno psicológico que más afecta a la población occidental en nuestros días y es que de cada cinco personas una lo sufrirá, con eso se ha convertido en la segunda causa de baja laboral en la Unión Europea.

Tal y como explica Macarena Fernández Hoyo en el libro «La psicología que nos ayuda a vivir», su incidencia es más del doble en las mujeres. Factores hormonales podrían contribuir a la tasa más alta de depresión en este grupo. Otros factores ambientales también explicarían este mayor porcentaje de casos en las mujeres, “quienes soportan un mayor estrés por las responsabilidades familiares, domésticas y laborales”.

Aunque el hombre tiene menos posibilidad de sufrir depresión, también es cierto, asegura Fernández Hoyo, “que es más reacio a admitir que la padece. Mientras que en la mujer la depresión se caracteriza por un predominio de la tristeza y los sentimientos de culpa, en el hombre se manifiesta a través de sentimientos de irritabilidad y comportamientos agresivos, lo que provoca que sea más difícil su diagnóstico.

Hay que tener en cuenta, “que las mujeres son más sensibles a los problemas emocionales-afectivos, pudiendo estos desencadenar episodios depresivos, mientras que los hombres son más vulnerables a los problemas laborales y económicos”.