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Salud visual: cinco mitos sobre la cirugía de cataratas

Disminución de la agudeza visual, visión borrosa e imprecisa, encandilamiento, fotofobia y dificultad en la visión nocturna son los síntomas de esta enfermedad.

Cuatro de cada diez personas mayores de 60 años viven con cataratas, que se ha convertido en una de las principales causas de ceguera tratable en el mundo y, es que muchas veces, la consulta al oftalmólogo se ve motivada por las dificultades a la hora del renovar el registro de conducir, y no por una cuestión preventiva.

Las cataratas ocurren cuando el cristalino, la lente natural del ojo, pierde su transparencia por el paso del tiempo o en forma acelerada por otras enfermedades. Sus síntomas suelen ser disminución de la visión, dificultad para ver en ambientes muy iluminados o a plena luz del día y encandilamiento.

Según precisan los especialistas, el único tratamiento efectivo de esta afección es la cirugía. Se trata de una intervención indolora, que se realiza con anestesia local, que suele durar entre 10 y 15 minutos. Lo más frecuente es que los ojos se operen con una semana diferencia entre ambos. Tras la intervención, el paciente se va a su casa y sebe seguir tener ciertos cuidados como la colocación de algunas gotas en sus ojos.

A pesar de ser la única solución, la cirugía, no permite recuperar la visión al 100% en todos los casos. “En algunos pacientes, existen patologías concurrentes como maculopatía, glaucoma o retinopatía diabética, por mencionar algunas, que, de alguna manera, limitan la recuperación visual”, explica Nicolás Fernández Meijide, jefe de trasplante de córnea y cirugía refractiva del Hospital Italiano.
Sobre esta cirugía persisten muchos mitos en el tiempo, por ese motivo la experta despejará algunos en continuación:

-Hay que esperar a que la catarata esté “madura”

Hace muchísimos años, cuando no existían las lentes intraoculares o cuando la cirugía se realizaba con incisiones muy grandes y astigmatismos postoperatorios elevados, era algo frecuente esperar “la madurez” de la catarata.

Actualmente, con las técnicas más modernas, incisiones pequeñas y desarrollo en lentes intraoculares de última generación, la catarata se opera cuando el paciente encuentra dificultad en sus tareas cotidianas, sin importar cuán avanzada esté. En muchos casos, y con una edad preferiblemente no menor a 55-58 años, el cristalino es reemplazado por una lente intraocular para reducir o eliminar la dependencia de anteojos, especialmente, en aquellos pacientes que usan distintos aumentos para las diferentes distancias, lejos, media y cerca.

-Luego de la cirugía, habrá que hacer una nueva cuando la lente se opaque

Esto es un error de concepto dado que es extremadamente inusual que la lente se ponga opaca. Lo que ocurre es que la cápsula del cristalino, que se preserva justamente para colocar la lente dentro de ella, se opaque. Esto sucede en el 10% de los pacientes, aproximadamente, y se resuelve con una aplicación muy rápida de un láser, en el consultorio y de manera ambulatoria. Luego de ser tratado no vuelve a ocurrir.

-La cirugía se hace con láser

Si bien el láser se usa en muchas de las cirugías oculares y existen láseres muy precisos, para la cirugía de catarata actualmente se siguen operando muchísimos pacientes con ultrasonido, desarrollado hace algunas décadas, pero que ha ido evolucionando año a año, hasta los equipos actuales muy seguros y efectivos.

-Habrá que usar anteojos luego de la cirugía

Esto depende del tipo de lente intraocular que se utilice. Hay opciones de todo tipo para poder corregir el astigmatismo y la visión cercana.

Siempre que se extrae el cristalino, se reemplaza por una lente intraocular para que el paciente tenga visión de lejos sin anteojos y, en el mejor de los casos, independencia de todo tipo de anteojos para todo tipo de distancia.

-La catarata es esa “telita” que crece por delante del ojo

En realidad, la catarata ocurre dentro del ojo y solo se puede ver desde afuera a simple vista si está extremadamente avanzada. La mayoría de las cataratas solo pueden ser evaluadas con la lámpara de hendidura en consultorio.

Fuente: Clarín